Vino rancio, tradicional.

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Cada cuatro o cinco años, en casa de mis padres repetimos una vieja tradición: Cogemos mosto, lo ponemos en una olla de arameo, y lo reducimos a fuego lento un 50%, y una vez se ha enfriado y repuesto, lo filtramos y lo añadimos a las botas de vino rancio que tenemos en la bodega, y donde inicia una lenta y tranquila fermentación, que dura muchos días. Después, siguiendo un sistema de soleras (soleras y criaderas), el vino se va pasando, en pequeñas cantidades de una bota a otra, terminando su recorrido en la bota pequeña, que contiene una solera de 1870.
En Navidad, se saca un poco de vino de la bota pequeña para poder tomar con postre. Es un vino rancio tradicional de color caoba, denso, que chorrea como la miel, con una boca profunda, densa y larga, que te hace cerrar los ojos y permanecer un rato con silencio, dibujando finalmente, una sonrisa en los labios.

Si queréis dibujar también una sonrisa en los labios, aquí podemos hacerlo.

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