La visita del viajante

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Recuerdo cuando yo era dueño, que mi abuela materna tenía una pequeña mercería pueblo. Pequeña, pero a rebosar de cosas: Colonias, camisas, pañuelos, pijamas, botones, hilos, jerséis, camisas, juguetes… y nosotros corríamos por la tienda.
Había, pero un día, un momento, en el que durante un rato, los niños de la casa, teníamos que estar en silencio, quietos; sin molestar, porque se recibía la vista de una persona importante, bien vestida… era el viajante: y en ese momento mi abuela dedicaba toda su atención a ese personaje, y se le escuchaba con silencio; el viajante era una persona que venía de lejos, que venía expresamente a nuestro pueblo, a ofrecer sus productos, y nosotros con la boca abierta, la observábamos.
De eso, hace muchos años. Y hoy en día, ya no hay viajantes, no, ahora lo llaman comerciales, o, agentes comerciales. Durante mi vida laboral dentro del sector del vino, he estado a ambos lados del mostrador: por un lado, comprando a los comerciales, y por el otro haciendo de comercial yo mismo.
He tenido la oportunidad de viajar por la península, intentando vender vino, y me he encontrado en situaciones, que lejos de ser normales, eran habituales.
Situaciones estas, en tiendas de vinos y en restaurantes, que eran los lugares que yo visitaba.
Al comercial ya no se le trata como cuando yo era pequeño: Ahora Al parecer, es una persona, que molesta, que viene a joderte la cartera, y al que la gente trata a menudo, con desprecio. Y que muy a menudo, se abusa de él. Se abusa pidiéndole descuentos imposibles, regalos exagerados, u obligándolo a comer el establecimiento (si no, no le compran nada), atracándolo con la cuenta.
Y me he encontrado sitios, donde les he vendido una botella a 10 €, y si voy a comer, me cobran 30 € por ella, y se quedan tan anchos. O inflan la cuenta con recomendaciones fuera de carta, ya que, como paga la bodega, se aprovechan de ella.
O ir a comer a un restaurante, el propietario sentarse a comer con el comercial, y a la hora de pagar, cobrarle dos comidas, el del amo y el del comercial. Realmente insultante.
Parece como si los restauradores quieren secar su crisis, haciéndolo pagar a los viajantes que quieren venderles vino. Estos mismos restauradores, a mediados de la década pasada, cada año se podían cambiar el Mercedes. Ahora no, y parece, que quieran hacer pagar las culpas a sus proveedores.
Seguramente mi visión comercial es errónea y equivocada, pero cuando yo he sido responsable de algún establecimiento, y venía un comercial a comer, ante todo, yo estaba contento de que entre todos los establecimientos del mercado, hubiera escogido el mío para venir a comer, y además, la botella de vino que consumía, yo no le cobraba: le pedía que me hiciera reposición al siguiente pedido. A mí no se me acudía de cobrar un vino, a precio de restaurante, a la persona que me lo había vendido.
Pero eso que yo siempre he hecho por considerarlo coherente, prácticamente no lo hace nadie.
Creo recordar, que cuando yo era comprador, siempre traté bien a los viajantes. Y si hubo alguien, al que no lo atendí como correspondía, le pido avergonzado, mis sinceras disculpas.

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