La noche y el vino

Hemos superado la semana del salón de alimentaria, muchas bodegas, muchas presentaciones, muchos actos paralelos (la música y el vino, 12 vinos 12 autores, el comida de las fieras, bubbles nigth, etc), muchas actividades y pocas horas para poder llegar a todas partes.
Fue en una de estas fiestas donde pude comprobar, otra vez, lo lejos que estamos todavía, de poder normalizar el consumo de vino en un local de noche, tal y como es perfectamente habitual -por poner un ejemplo- pedir una copa de vino en una discoteca de Londres.
La fiesta a la que me refiero empezaba a las 23h00, pero no dejaron entrar hasta las 23h20…
Dentro, en todas las barras estaban los vinos de la bodega organizadora que había contratado la sala, y que podrían catar a lo largo de la noche.
Todo el local olía a ambientador y detergente limpieza-tierras considerable, sin embargo, diríamos que esto era detalle minúsculo.
Nos dirigimos a una barra y pedimos, para empezar, una copa de cava: nos dicen que el cava todavía no está frío y que nos tendremos que esperar un rato. En la otra barra, la respuesta, es la misma.
A VER : aquí hay una bodega, que ha pagado una pasta larga, para alquilar su local, que podía haber ido a otro local, pero ha escogido el suyo, y vosotros no sois ni capaces de tener el detalle de poner el frío el producto de su cliente?? Esto hizo que los invitados a la fiesta tuvieran que esperar tres cuartos de hora a que se enfriaran las botellas.
Muy poco profesional.
Bien, como no teníamos el cava frío, pedimos una copa de vino, ya que también había una barra de vinos a disposición de los invitados.
Las chicas de la barra, muy monas ellas, muy fashion ellas, no sabían abrir una botella de vino, y tuvimos nosotros, empezar la botella y enseñárselas cómo debía hacerse.
De mi promoción de sumillería, una compañera, la Meritxell Ctras, dice que no hay nada más sexy para un hombre, que una mujer entienda de vinos. No sé si esto es así, pero lo que sí sé yo, es que aquella chica, por más mona que fuera en ese contexto, al ver que no sabía ni cómo coger una botella, encontraba yo más sexy la bombilla del techo que en ella.
Me pareció muy poco profesional la actitud del local: no se preocuparon ni de enfriar el cava de su cliente, ni de formar a su personal para que estuviera a la altura del evento (una formación de 15 minutos era suficiente, explicando cómo se abre una botella, cómo se toma la copa, y cómo se sirve el vino ).
Muy poco profesional. Pero, tristemente es esta la realidad y lo que podemos encontrar en nuestro país, a excepción de cuatro lugares mal contados. Y también es ésta la imagen que damos, tanto a nosotros mismos como a los visitantes extranjeros que nos visitan, que un producto que forma parte de nuestro patrimonio cultural, de nuestra historia, como es el vino o el cava, se le dé menos valor que a un pegamento o un refresco carbonatado mezclado con un destilado blanco barato.

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