¿Soy yo un aburrido más del mundo del vino?

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Dentro de las conferencias de vinorum, dentro del marco de la feria alimentaria 2016, ha habido una que me gustaría destacar, y ha sido  la de  Paul Wagner, sobre  Las últimas tendencias de enoturismo en California ”, la cual ha sido una reflexión sobre lo que hacemos a la hora de intentar vender cultura de vino, y por tanto vino.
Lo primero que nos dijo fue que de entrada, el enoturista no existe: lo que existe es el turista. Y el turista quiere experimentar vivencias. Y el marketing debe encargarse de ello. Pero ante todo definimos qué es marketing:
Marketing es detectar el deseo del cliente, y satisfacerle. Entonces, cuando un turista nos visita, ¿qué quiere? Quiere olvidar los problemas, quiere disfrutar de la vida, quiere encontrar algo nuevo: quiere vivir experiencias únicas. Y cuando acude a visitar una bodega, ¿qué quiere?
Pensamos en una visita típica de bodega, actualmente: la visita comienza en el viñedo, mirando las cepas, la poda de las cepas, la altura de la espaldera, la orientación del viñedo, la composición del suelo, y la explicación del fantástico único y particular microclima de esa parcela. Después se entra en la bodega, donde se visita la emocionante tolva de recepción, seguidamente de la innovadora despalilladora. Pasamos a la sala central de la bodega donde podemos admirar larga y calmadamente las tinas de acero inoxidable donde fermenta el vino. Es muy importante fijarse en las tinas de inoxidable, puesto que el acero puede ser un simple AISI 304, o bien un lujoso AISI 316.
¿Y la forma de la tina? Buffff, se ve que no hay ninguna igual… es importantísimo mirarlas muy bien. Después de vivir la experiencia inimitable de tocar las tinas de acero, se pasa a la sala de botas, algo nunca visto. Maderas francesas, americanas, de países del este, de grano pequeño, de grano grueso….un nunca acabar de botas.
Y el momento más emocionante, la culminación de la visita, el clímax de onanismo enológico de la velada, es el momento de poder ver…, si… ¡la línea de embotellado!…. pelos de punta.
Excitante, ¿verdad?  Sí, yo también lo pienso.
Ésta es una visita típica, tópica, y es la visita que se ofrece en el 95% de los casos. Y a menudo es una visita aburrida, nada memorable.  
La meta de una bodega debe ser la de dar una experiencia inolvidable. Por eso Paul Wagner nos dice que debemos tratar al turista no como oyente, sino como participante.  
Ejemplos:
Una bodega de Napa, cobra 100$ por persona para que le ayuden a hacer la vendimia: cosechar las uvas a mano, y encajarlo y llevarlo a la bodega. La vendimia termina alrededor del mediodía, y si pagas 50$ más, te enseñan a prepararte tu propia comida.
Hay lista de espera.
¿Por qué? Porque es una experiencia auténtica.
En otra bodega de Napa, en una sala encontramos un rótulo que pone “ si quieres ayudarnos a hacer vino, ve al lavabo y lávate los brazos hasta el hombro ”.
Se trata de ir a la sala de fermentación, donde en pequeños depósitos de acero o en botas de madera, se levanta la tapa y con las manos se hunde el sombrero de cascarillas que se ha formado.
Y mientras la persona hace esto, ¿qué hacen los amigos?… le hacen fotos: fotos por instagram, twitter, facebook…. y la bodega consigue mayor notoriedad en la red.
Otra bodega organizó una replantación de cepas de un nuevo viñedo. Después de pasar la mañana plantando, se invitaba a la gente a comer. Fue un éxito abrumador.
Viajes en globo sobre los viñedos, catas de botas, concurso de coupages…. actividades. El turista quiere actividades.
¿Qué es lo primero que pide un turista cuando llega a su hotel? La clave de wifi. Una bodega debe tener visible para todos la llave de Wifi. Y esto se traduce en una mayor presencia en la red.
Muy interesante la charla de Paul Wagner. Y a menudo, debe ser alguien de fuera, lo que nos diga lo que hacemos mal. Y sólo si es de fuera, le hacemos caso.
Y sobre todo esta ponencia, me ha hecho pensar en mi forma de impartir los cursos y las catas de vino: ¿mis talleres son aburridos? ¿Soy pesado por la cantidad de información técnica que doy? ¿Consigo que la gente se interese por el vino? al alejo por aburrimiento? ¿Es necesario explicar enología y viticultura a los asistentes? ……..

No lo sé, pero lo que si sé, es que ahora, estas catas he empezado a hacerlas diferentes: más participativas.

En resumen de alimentaria, me parece positivo ir cambiando a menudo el organizador del vinorum. Estaría bien que estuviera limitado a períodos de 4 años (o sea dos alimentarias).
La organización de este año me pareció un barrido hacia casa en la empresa IMW, pero siempre es interesante ver diferentes puntos de vista sobre el mundo del vino.    

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