La gaseosa con vino, o vino con gaseosa

Vino+y+Gaseosa 6951
Siempre me ha llamado la atención el hecho que la gente tenga la costumbre de poner gaseosa en el vino. No lo entiendo. Es una práctica muy habitual entre la clientela de los establecimientos de restauración de los polígonos industriales, o de lo que llamamos, bares de menú.
Hace años, un día me podía la curiosidad y en uno de esos restaurantes de carretera, con el vino del menú, pedí una gaseosa para realizar la prueba; No encontré la gracia. El vino quedaba diluido, aguado, sin grado, más dulce, con mayor sensación de acidez y con burbujas. Me pareció más desagradable todavía. Pero en las mesas vecinas, incluso pedían una segunda botella de gaseosa porque la primera ya estaba vacía.(!)
Al parecer, la costumbre viene de los años 50, terminada la posguerra, cuando las grandes bodegas y las cooperativas empezaron a producir vino masivamente, industrializaron el vino, haciendo grandes producciones pero de muy baja calidad, y una de las maneras que encontró a la población de hacer más tolerable este vino, fue añadiendo gaseosa, un agua azucarada y con burbujas. Y la industria de la gaseosa prosperó de forma exponencial. Sin embargo, esto era en los años cincuenta, entre una población agraria y pobre. Pero la costumbre se extendió hasta nuestros días.
Sin embargo, los vinos que tenemos ahora son vinos de mucha más calidad que los de entonces. Y ya no hace falta añadir nada para que sean aceptables de tragar, porque generalmente no tienen defectos. Sin embargo, la costumbre de posguerra, de gente pobre, provinciana, sigue todavía.
Recuerdo hace ya bastantes años, un día fui a cenar con un amigo/conocido y nuestras respectivas parejas. El restaurante era un lugar digno, no un gran restaurante, pero sí un establecimiento de carta cuidada, buen producto, y cocina detallada. Al pedir el vino, el tío pidió vino de la casa y gaseosa: incluso a su acompañante se le asombraron los ojos. Evidentemente, nunca más volví a compartir mesa con ese individuo.
En una escena de la película Two much , en la mesa de un restaurante, Antonio Banderas aprovechando que la compañera de mesa (Melanie Griffith) está en el baño, le pone una medicación dentro de la copa de vino, de un vino caro y escaso que le ha recomendado el sumiller. El sumiller, al verlo, indignado quiere retirarle la botella, porque cree que aquello es una falta de respeto indecente, y Antonio Banderas le dice:
– El vino lo he pagado y hago lo que quiero con él.
Desgraciadamente, Banderas tenía razón. Cada uno puede hacer con el vino lo que quiera, como si te quieres poner mistol, pero estaremos haciendo visible nuestra incultura.
¿Un día me preguntaban qué hacer si un amigo nuestro se pone gaseosa en el vino?, la respuesta es clara, dije: cambiar de amigo.

Si queréis hacer una cata de vinos, aquí se lo podemos arreglar.

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